Rafael Martínez-Simancas

El pulpo Krugman

Puestos a elegir es preferible quedarse con las predicciones de su primo el pulpo Paul. Krugman, (también Paul de nombre), ha hecho unos vaticinios que son para presentarse voluntario a una misión rumbo a Júpiter. Será muy Premio Nobel de Economía y muy Príncipe de Asturias pero a cenizo no le gana nadie cuando augura un corralito financiero en España en el mes de junio, fecha que tenemos a vuelta de hoja de calendario. A veces a estos gurús de la economía hay que hacerles la prueba del nueve y preguntarles: ¿Fue usted capaz de vaticinar la crisis y su grado de intensidad?, de ahí que fueran más fiables las predicciones del pulpo que en gloria de Neptuno esté y que tanto nos ayudó cuándo el Mundial de Sudáfrica. Los profetas que lo saben todo a toro pasado son más evidentes que videntes y muy cansinos.

Murió Paul, se acabó la “pulpomancia”, nos quedamos a merced de los gurús de la hecatombe que se frotan las manos con la ruina de los demás. Pero los gurús también la pifian porque no están en posesión de la verdad y menos de predecir el futuro con la certeza que da la maquinaria de un reloj suizo. Bien es verdad que nosotros hacemos lo que podemos por ponérselo fácil a Krugman y a los cenizos: espantadas como la de Rato no son lo mejor para generar confianza, así como tampoco las peleas de ida y vuelta entre el Gobierno y el Gobernador del Banco de España. Lo de MAFO roza el surrealismo español: no goza de la confianza del Ministro De Guindos, es cuestionado por Montoro, lo sabe pero no se marcha ni presenta la más mínima intención de iniciar la salida. Quizá la primera medida para reformar la banca hubiera sido desahuciar al Gobernador de su despacho en la calle Alcalá de Madrid, a veces nos perdemos por las ramas cuándo tenemos tanto bosque por explorar. MAFO aún viven dentro de la burbuja especulativa y no está dispuesto a dejar la placenta del momio y el coche oficial. Eso de dimitir no se lleva, siempre dimiten los otros.

Zapatero dijo una vez que la economía es un estado de ánimo y tuvo razón porque a él lo devoró una tristeza infinita que emanaba de una crisis galopante. Rajoy debe recordar aquellas palabras y ha optado por el silencio del pulpo, prefiere no decir nada y que los mercados hagan lo que tienen que hacer pero hay males que no se remedian solos. De ahí que enviara a De Guindos de gira europea para que le retuerza el cuello Juncker y lo que haga falta, pero el ministro ha hecho una de Felipe II al afirmar que España ha hecho todo lo que tenía que hacer en las reformas, (le ha faltado añadir que no se puede luchar contra los elementos).

Por la cuenta que nos trae ojalá el cenizo Krugman no tenga razón, y estos pollos no nos lleven a aquel corralito que algunos cenizos pregonan.

Las siete vidas de Rato

También los banqueros dan “espantás”, no solo los toreros. Eso sí, los toreros al menos lo hacen con cierta pulcritud a la hora de tomar el olivo, en cambio un banquero pierde zapatillas, montera y estoque en la fuga y de la mañana a la tarde deja la entidad que presidía y a la que había jurado amor eterno. Lo de Rato con Bankia se puede considerar “cese temporal de la convivencia accionarial”, y el que no lo entienda que se de prisa en preguntar por qué don Rodrigo no va a estar mucho tiempo en calidad de cesante, pronto le encontrarán otra actividad rentable.

Fue el famoso capitán Schettino el que reveló que a veces uno quiere estar en el puesto de mando pero un golpe de mar le lleva a caer dentro de un bote. En las palabras de Schettino se notaba una firme voluntad por haber permanecido a bordo hasta el final pero en cuestión de barcos ya lo dijo Felipe II que nada se podía hacer cuando se lucha contra los elementos y no contra los hombres. Quizá Schettino ignore quien fue el emperador Felipe II pero tampoco vamos a detenernos en este detalle histórico sin importancia para el caso porque quien dijo barcos puede decir bancos, o cajas. Rato, llevado por la doctrina Schettino siempre ha tenido la suerte de caer dentro de un bote salvavidas con la oportuna indemnización, le pasó en el FMI y es posible que le vuelva a ocurrir ahora en Bankia. Las espantadas que daba Curro Romero se convertían en ira y en lluvia de almohadillas, en cambio la espantada de un banquero suele tener buen final.

De las siete vidas que tiene un gato/Rato ha consumido tres: la primera acabó cuando Aznar prefirió a Rajoy en la sucesión, la segunda la consumió al salir por pies del FMI horas antes de que llegara el tsunami de la gran crisis, y la tercera ha sido dejar solo al oso verde de Bankia. Puede presumir de curriculum rentable, de superviviente al caos. Rajoy va de marrón en marrón y en cambio él se muestra apacible. La próxima vez que se crucen ambos (¿quizá estén pensando en el Banco de España?), Rajoy puede decir lo mismo que cuando vio a Zapatero en el Consejo de Estado: “Él ahora está tranquilo, y yo estoy menos tranquilo”. El dedo de Aznar le dio la vida y, en cambio a Rajoy le hizo caminar por caminos tortuosos hasta que llegó a La Moncloa. No fue Rato el que iba en el helicóptero de Móstoles, ni el que tuvo que apaciguar el partido, ni quien perdió dos veces las elecciones.

Se marcha don Rodrigo pero no quienes le acompañaban en la desventura, entre ellos José Luis Olivas o Goirigolzarri. Será que para ellos aún no hay botes en los que caer.

Gobierno en la sombra

La jueza Alaya da muestras de ser una hormiguita laboriosa que no ceja en su empeño, hace tiempo decidió adentrarse por el laberinto de los ERES de la Junta de Andalucía y no ha aflojado en tomar declaraciones y pedir documentos. Y eso que no se lo pusieron fácil, recordemos el baile de carpetas y el paseo en hombros de un armario metálico en el que se contenían acuerdos de Gobierno tomados tanto por Chaves como por Griñán; el armario iba y venía ante la mirada de las cámaras de televisión. Da la impresión de que en el entorno del Palacio de San Telmo nadie tenía en cuenta la que se estaba formando, (es un rasgo de cuándo se ejerce el poder durante muchos años, los que mandan se creen inmortales y sin responsabilidad alguna porque dar explicaciones o pagar multas simplemente no va con ellos). O peor aún: aprovecharon lo que pensaban iban a ser últimos coletazos antes de la llegada del PP.

De momento, el laberinto es más profundo de lo que se pensaba y mucho más de lo que algunos temían para su desgracia. El ingreso del que fuera consejero de Empleo en prisión no es una buena noticia para aquellos que hablaban de una higiene excelsa en la gestión de la Junta. Con Antonio Fernández ya son tres los antiguos altos cargos imputados en un tejemaneje de dinero público orientado a hacer la vida más fácil a los amigos, y a ellos mismos. A este paso el vehículo oficial más usado por altos cargos de la Junta de Andalucía va a ser el furgón de la Guardia Civil y Griñán va a poder presumir de tener un auténtico “gobierno en la sombra” (formado por los imputados en una espesa trama de favores).

Haría mal Griñán en acogerse a esa amnesia común que tienen muchos gobernantes que confunden los votos con un plebiscito popular que les exime de sus delitos (a Camps le ocurrió y a los pocos días tuvo que dimitir y que se sepa nadie espera su regreso a la Generalitat valenciana). Griñán tiene la oportunidad de formar Gobierno con la ayuda de IU pero renovar en la presidencia no puede ser una manera de borrar el pasado sin dar explicaciones.

Antonio Fernández lo tiene crudo: aprobó una prejubilación en una bodega de Jerez en la que él trabajaba, por lo tanto se firmó a sí mismo el chollo, la paga para toda una vida como decía el anuncio. Y eso tiene mala defensa porque no puede argumentar que no conociera la bodega, o que no estuviera él dentro de los beneficiarios por el ERE. Fernández y los otros que comparten la cuerda de presos con él se creyeron por encima del bien y del mal, parte del engranaje de un latrocinio organizado que nunca rendiría cuentas. Y, ahora, a jugar al parchís entre rejas.

Elegantes y cacharros

Una regla no escrita de la física de desván afirma que cuando un elefante entra en una cacharrería el tumulto es notable. No es tanto que el elefante vaya a causar daño sino que una vez tirada una cafetera todo se vuelve estruendo y caída de cuadros, espejos y sables oxidados. El Gobierno parece empeñado en seguir la senda del elefante en el desván y de ahí este baile de comentarios a título privado, de notas de prensa, de vaticinios negros y el consiguiente vacile de los mercados que aprovechan la mínima para azotar a la prima de riesgo. El mercado cuándo huele debilidad ataca, esto lo saben los ciervos que abrevan en los lagos de los reportajes de La 2 y los economistas consultados.

De momento, el cambio en la presidencia y las medidas anunciadas no calman las iras. El Gobierno puede seguir una temporada argumentando que la herencia recibida fue lamentable y que los cacharros estaban tan sueltos que se hubieran caído sí o sí; puede decir que nada estaba en su sitio en la cacharrería del buen rollito que le traspasó Elena Salgado antes de dedicarse a la dulce vida de consejera de multinacional. Pero tampoco puede negar el Gobierno es una muy cierta descoordinación en su política de contar logros y sucesos. Para entrar en la cacharrería es mejor elegir otro disfraz que no sea el de paquidermo, los hay mucho más prácticos y que no provocan desprendimientos de latón.

Lo que parece claro es que la salida no le corresponde sólo al Gobierno y que urge un pacto de Estado, no nos jugamos la credibilidad de Rajoy se trata de algo mas serio y que puede ser más doloroso a corto plazo. En este punto o se reúnen los vaqueros alrededor de las caravanas para preparar su defensa o los indios se van a dar un festín de cabelleras españolas. Aquí sobran catastrofistas y faltan voluntarios para ayudar a salir de la cacharrería sin pisar los objetos que ya están en el suelo. Si se logró en los famosos Pactos de la Moncloa se puede reeditar ahora y con mayor motivo. Y para eso hace falta un entendimiento entre las fuerzas políticas, en otro caso nos esperan los colmillos de los mercados con ganas de hincarnos el diente.

El resto: fallos en comunicación, notas de prensa a deshora, desmentidos y desaciertos no son más que paisaje. Aquí lo importante es salir del atolladero con el elefante reculando y sin que agite mucho la trompa porque algo podremos aprovechar de las cosas que se han caído al suelo, algo podremos hacer con este desconcierto que es una tortilla de reproches cocinada en aceite de venganzas. Todo muy español y cainita pero justo ahora no toca.

Palma y arena

Sin Etiqueta

Aquel que fue todopoderoso mandatario regional, ejemplo de virtudes y crisol de nuevas generaciones, aquel del que luego supimos que pagaba las escobillas del wáter a precio de oro, ha sido condenado por una de las partes del llamado caso “Palma Arena”. No es Matas el primer presidente autonómico que acaba siendo condenado pero sí es Matas el ejemplo de una manera de gestionar con la alegría del que nunca va a rendir cuentas.

Nada hay literario en este chusco asunto que consiste, según el juez, en pagar para que un periodista te elogie y aplauda allá por dónde vayas. En cierto sentido a Matas le han condenado por pagar demasiado caro a su “palmero”, (que también viene de palma pero de otra “palma” y ésta a su vez lleva al verbo palmar en el sentido económico del asunto). Nada hay literario porque pudiendo haber elegido un final más digno, como el del torero Juan Gallardo en la novela de Blasco Ibáñez, el ex presidente puede entrar en la cárcel de la peor manera salvo que el recurso ante el Supremo lo detenga. La distancia entre “Sangre y Arena” del escritor valenciano y “Palma y Arena” del ex presidente mallorquín es definitiva, en la primea aún queda restos de pundonor mientras que en la segunda ha habido un sálvese quién pueda: los niños y los contratos opacos primero.

Dentro de poco veremos una tele-serie con aquellos años del pelotazo balear, muy al estilo de “Mi Gitana” que ha batido récords de audiencia. Aunque para completar el elenco todavía quedan por repartir muchos papeles secundarios que tienen importancia también. Da la impresión de que la trama no ha hecho más que comenzar y que a medida que se vayan escribiendo los capítulos se irá haciendo más peliaguda, por lo tanto no se retiren de sus pantallas o en su defecto no dejen de leer el sumario que tiene miga.

Desde luego en la serie no faltarán detalles de vestuario y decorado, ahí el equipo de producción puede recrear con detalle la opulencia de los tiempos pasados, de aquellos años en los que Matas y los suyos fueron tenidos como gestores ejemplares que daban lustre. Es cierto que de aquellos tiempos no queda ni una foto en un marquito de pino en la calle Génova; es más si a alguno de aquellos personajes les diera por volver por allí no les dejarían pasar de la puerta. Pero fueron ciudadanos ejemplares y presumieron de lealtad al partido, (aunque en el caso de Matas lo abandonara, o se lo hicieran abandonar, hace apenas dos años).

Pues con esa ejemplaridad rigurosa ha de aplicarse la sentencia, devolver los fondos públicos mal usados, y de esa manera poner fin a un capítulo chusco, oscuro, de prevaricaciones y palmeros en Palma.

Ladrones maquillados

Sin Etiqueta

Siempre se ha dicho que la televisión engorda al que aparece en pantalla (aunque mucho más engorda al productor de la serie). Vistos los dos primeros capítulos de “Mi Gitana” podríamos añadir un nuevo efecto secundario: la tele alivia a los golfos. Gracias a la serie de Tele 5 en la que se cuenta la vida de Isabel Pantoja, sobre todo en horizontal, personajes turbios del pasado reciente quedan como ingenuos angelitos en manos de la frialdad calculada de la tonadillera. Al margen de lo que quiera contar la serie, a fin de cuentas ficción es y al interés de sus guionistas se debe, personajes como Roca, Zaldívar, Julián Muñoz o el difunto Gil salen demasiado bien parados.

Coplas aparte no olvidemos que el saqueo de Marbella se realizó durante varias legislaturas y con amparo democrático de los votantes del GIL que fue un partido que llegó a gobernar en casi todos los ayuntamientos de la Costa del Sol desde Marbella hasta La Línea, en Cádiz. Y por sus tropelías que fueron constantes muchos de esos cargos se entretienen estos días en el macrojuicio de la Operación Malaya que se ventila en Málaga. Entre ellos el que fuera alcalde de Marbella, Julián Muñoz, cuyo bigotito parece ser un juguete en manos de Isabel Pantoja en la serie pero en su día fue mano derecha de Gil. El peligro es convertir en víctima inocente de la pasión a quien en la tele se hace receptor de bolsas de basura que contienen billetes, y que eso pueda parecer normal.

Malaya es el juicio a un estilo de vida que se mantuvo durante años con la mirada a otra parte de la Junta de Andalucía. Recordemos que Gil convivió con Manuel Chaves en la presidencia de la Junta y mientras el uno no se metiera con el otro todo se dio por bueno. Lo que se especuló, robó y trapicheó se hizo en las narices de la Junta de Andalucía. Malaya fue un esperpento del siglo XX en el que una concejala socialista, Isabel García Marcos, acabó votando al lado de antiguos miembros del GIL. No cabe mayor escarnio a la razón y a la buena práctica de la ortodoxia política.

Cuando acaben con “Mi Gitana” podrían empezar con “Mis Ladrones” porque tienen material para hacer una serie más larga que “Cuéntame”. Mercero lo intuyó con aquello de “Los ladrones van a la oficina”. Estos, los de la panda de Roca y Asociados, iban a la oficina, a la playa, al yate, al restaurante y dónde hiciera falta con tal de trincar. Su robo fue, como no podía ser de otra manera, a los fondos públicos. Por lo tanto no se apiaden de ellos cuando los vean junto a la otra Pantoja porque ese agujero negro “malayo”, esa manera de vivir a lo loco con dinero público, lo estamos pagando entre todos.

Licenciado en Periodismo, escritor también.
 
Empezó en Radiocadena Española en 1984. Ha sido director de “De Costa a Costa” en Punto Radio, también ha trabajado en SER, COPE y Onda Cero. Actualmente es columnista de ABC, así como antes lo fue de “El Mundo”, y de “Diario 16″.
 
En Televisión ha trabajado en Intereconomía y en Veo Tv cuándo presentaba “El Mundo en Portada”.

Es autor de la biografía de Julio Anguita y de cinco libros más. El último es la novela “Doce Balas de Cañón”, (El sitio de Igueriben).