La prima de riesgo se ha convertido en una pariente malvada que nos tiene sometidos a un continuo sobresalto. Si rozar los cuatrocientos puntos nos producía vértigo a cuenta de superarlos nos acostumbramos a que se podía vivir con esa prima de riesgo, pero quinientos puntos son quinientos golpes en nuestra economía.
Una vez traspasada esa frontera, una vez recibidos los quinientos golpes los ciudadanos nos preguntamos qué más puede hacer el Gobierno para calmar al voraz mercado. Porque desde su primer día de Gobierno Mariano Rajoy no ha parado de meter la tijera a los Presupuestos, tanto que de seguir así nos va a dejar un Estado difícil de reconocer. Subida de impuestos, rebajas de sueldos, recortes en Educación, Sanidad, asistencia social a los dependientes, investigación, obras públicas, lo cierto es que no hay partida presupuestaria que quede por recortar. Los planes de austeridad de Rajoy no es que hayan provocado que nos apretemos el cinturón, es que de seguir así no va a ser necesario ni el cinturón. De manera que Bruselas y los mercados tienen poco que reprochar a Rajoy porque ha respondido sin rechistar a todas las exigencias que nos planteaban y, puestos a ser austeros, ni la mismísima Angela Merkel va a poder darnos lecciones de austeridad. Y si Rajoy ha hecho los “deberes” impuestos por Merkel y los mercados la pregunta que cabe hacerse es
¿y entonces por qué la prima de riesgo nos da quinientos golpes, por qué la Bolsa sufre tantos vaivenes, por qué no tiramos para adelante tal y como nos había prometido si es que nos aplicábamos a llevar a cabo todas esas medidas de austeridad extrema?
Si con Rodríguez Zapatero las cosas iban mal, con Mariano Rajoy van peor. Y no crean que trato de reivindicar al anterior presidente de Gobierno, cuya gestión en tantos y tantos asuntos fue lisa y llanamente desastrosa. Solo que ni Rajoy ni sus recetas liberales están solucionando la situación económica de nuestro país. En definitiva, que esas recetas “merkelianas”, amen de provocar sangre, dolor y lágrimas, no sirven para nada.
El caso es que si uno está enfermo y la medicina que le dan para curarse no solo no le cura si no que le agrava tendrá que cambiar de medicina. Creo que los responsables de la Unión Europea deben de cambiar sus recetas que solo le han servido a Alemania. Este país nos ha convertido a todos en súbditos obedientes a los que asusta con los rigores del infierno si no cumplen con sus criterios obsesivos de austeridad.
Me parece a mí que ha llegado el momento en que los políticos respondan a los intereses de los ciudadanos poniendo la economía al servicio de la sociedad y no a la sociedad al servicio de los mercados. Si las reglas con las que nos hemos regido hasta ahora provocan paro, recesión, pobreza, entonces habrá que cambiar las reglas. O los grandes partidos democráticos empiezan a cambiar y a embridar a los mercados o iremos de cabeza al caos. Ya estamos viendo el auge de los partidos extremistas en toda Europa. Si no han aprendido las lecciones del pasado estamos perdidos. ¿A qué esperan para hacer algo? Los quinientos golpes de la prima de riesgo nos han dejado el hígado y las espinillas destrozados.
Dice el refrán que no hay mejor defensa que un buen ataque y en ello se están aplicando desde la bancada de la derecha que sin ningún pudor pretenden colocar el “marrón” de Bankia al gobernador del Banco de España. Y no digo yo que Miguel Ángel Fernández Ordóñez no tenga su cuota de parte de responsabilidad, pero desde luego mucho menor de la que la tienen los políticos del PP.
Porque Bankia, antes Caja Madrid y Bancaja, han estado al servicio de las políticas llevadas a cabo en dos Comunidades Autónomas que gobierna el PP: Madrid y el País Valenciano. Seguramente el pecado de MAFO (que así es como se conoce al gobernador del Banco de España) ha sido su debilidad, el no haber sido capaz de haber cortado por lo sano quitando el juguete de Caja Madrid y Bancaja a los políticos madrileños y valencianos.
El problema de Bankia es que nunca debió hacerse realidad, que fue un error que Caja Madrid asumiera Bancaja. A eso añádase una pésima gestión y nos encontramos con el actual desastre. Un desastre en el que muchos tienen su cuota de parte de responsbailidad. Me gustaría saber por qué los sindicatos, que tienen silla en el Consejo de Administración no han dicho ni pío mientras se estaba cociendo el desastre. Lo mismo los partidos políticos.
Pero lo que resulta el colmo es escuchar al portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, es acusar al anterior Gobierno de haber nombrado a Fernández Ordóñez como gobernador del Banco de España habida cuenta de su vinculación política con el PSOE. El señor Alonso debe de pensar que ser del PSOE, cercano al PSOE o nombrado por el PSOE, contamina pero que ser del PP, cercano al PP o nombrado por el PP, es lo normal, que no mancha ni deja huella. De manera que el al señor Fernández Ordóñez le reprochan ser una persona cercana al PSOE, y pasan por alto que el señor Blesa, amigo del señor don José Mª Aznar, fue nombrado presidente de Caja Madrid. En cuanto al recién dimitido presidente de Bankia, Rodrigo Rato, que yo sepa, ha sido vicepresidente de Gobierno con José Mª Aznar y es un destacado militante del PP. Pero ya digo, para el PP ser del PSOE es un estigma y ser del PP es como llevar una flor en el ojal.
Yo creo que los responsables políticos deberían ser eso, responsables, y en vez de intentar echar la culpa del desastre en exclusiva al gobernador del Banco de España, ponerse a buscar soluciones para sacar a esta entidad de la crisis y sobre todo para que no nos cueste un euro a los contribuyentes. Porque los señores del Gobienro deben saber que a los ciudadanos nos fastidia que la mala gestión de unos señores la tengamos que pagar quienes no tenemos culpa, y que se dedique millones de euros a salvar un banco al tiempo que se hacen recortes en Sanidad o Educación.
Al PP le gusta demasiado la política del calamar, y achacar todo lo malo que pasa a la “herencia recibida”. Naturalmente que el Gobernador del Banco de España debe comparecer en el Parlamento y explicarse, pero de paso también deberían dar explicaciones los señores Blesa y Rato, y así de una vez por todas los ciudadanos sabremos de primera mano y por voz de sus protagonistas qué es lo que hicieron mal, en qué se equivocaron.
Es difícil que te mande a quien has mandado. Y no digo yo que en la salida de Rodrigo Rato de Bankia sea decisivo el que en el pasado Luis de Guindos estuviera a las órdenes de Rato y ahora fuera Rato quien se tuviera que cuadrar ante el ministro de Economía, pero seguramente el factor humano también ha influido.
El caso es que los muchísimos ciudadanos que tienen su cuenta corriente y sus ahorros en Bankia andan preocupados sin saber si su dinero corre algún riesgo por pequeño que sea, por eso me parece que el paso al frente que ha dado Alfredo Pérez Rubalcaba afirmando que él tiene sus ahorros en esta entidad y que además no piensa sacarlos es un gesto de responsabilidad. Claro que no es al jefe de la oposición a quien había que pedirle ese gesto sino a los señores del Gobierno que en las últimas semanas se han dedicado a marear la perdiz sobre el futuro de Bankia.
Si nos atenemos a lo manifestado por el presidente en su entrevista con Carlos Herrera en Onda Cero, el viernes en el Consejo de Ministros se completará la reforma financiera que nos exigen desde Bruselas y desde el Fondo Monetario Internacional. La cuestión de fondo es si esa reforma se hará en su totalidad con dinero de los contribuyentes. Según ha dicho el presidente del Gobierno él no es partidario de gastar el dinero público en sacar de apuros a la banca, pero es que a continuación dijo que si lo tiene que hacer lo hará, o sea lo mismo y lo contrario. Así que pongamonos en lo peor y más nos vale hacernos a la idea de que parte de nuestros impuestos irán a parar a la banca, a aquellas entidades que por una mala gestión ahora necesitan dinero.
Nos dicen que el dinero que puede ir a Bankia la entidad lo tendrá que devolver, que será un préstamo al 8 por ciento. ¡Faltaría más! El colmo sería que se regalara el dinero de los contribuyentes.
Lo cierto es que desde el Ministerio de Economía se dice que Bankia no ha sido “intervenida” y que lo que el Gobierno espera es que los nuevos responsables de la entidad presenten un plan de saneamiento y reformas que garanticen su viabilidad. La verdad es que el comunicado no resulta demasiado tranquilizador, lo es mucho más la declaración de Pérez Rubalcaba asegurando que no piensa mover sus ahorros de Bankia.
El caso es que los ciudadanos, no solo en España sino en el resto de Europa, y por supuesto de Estados Unidos, estamos pagando con nuestro dinero la crisis que comenzó con la quiebra de Lehman Brothers y tuvo un efecto dominó sobre el sistema financiero internacional. A causa de la mala gestión, del capitalismo de rapiña que algunos han practicado, somos los ciudadanos de a pie quienes sufrimos las consecuencias y, además, quienes pagamos de nuestro bolsillo el rescate de algunas entidades financieras que de caer provocarían un tsunami aún mayor.
En España lo que nos dicen es que no nos podemos permitir que Bankia se vaya al garete, de manera que apretémonos más los cinturones y confiemos en que si Rubalcaba no piensa sacar sus ahorros de Bankia es porque confía en que esta entidad tiene futuro. Eso sí, me pregunto por qué no pagan los que han provocado la situación de Bankia. Pero seguramente además de no pagar han cobrado algún bonus millonario. ¡Menuda cara!
La noche del domingo la dediqué a ver en el Canal 24 horas de TVE el debate electoral entre François Hollande y Nicolas Sarkozy. Decir que Hollande ganó por goleada al todavía presidente de Francia es quedarse corto. Le arrasó, le dejó sin argumento. El candidato socialista demostró tal dominio de sí mismo, tal seguridad y serenidad frente a un Sarkozy gesticulante que reforzó el valor de sus argumentos.
Lo cierto es que Europa se juega mucho con las elecciones francesas. Vivimos en un mundo tan globalizado que importa, y mucho, quien gobierna en los países de nuestro entorno, y no digamos en Estados Unidos. De manera que el futuro inmediato de la Unión Europea no será lo mismo con Hollande que con Sarkozy.
François Hollande asegura estar dispuesto a fomentar políticas de empleo y de crecimiento. Hay que ahorrar, claro, eso no lo niega, pero sin ahogar al Estado del Bienestar. Si Hollande gana la señora Merkel no podrá seguir imponiéndonos su política a los europeos, o al menos lo tendrá más difícil. Por decirlo claramente, Alemania tendrá que tener en cuenta que hay otras opiniones y otras opciones para salir de la crisis.
La Unión Europea hoy no es más que un conjunto de países que bailan al son de Alemania, y Francia que podría ser un contrapeso ha renunciado a ese papel al haber aceptado el presidente Sarkozy los dictados de su colega Merkel que le ha convertido en su vocero.
Me parece evidente que las políticas que está imponiendo la señora Merkel hasta el momento lo único que están produciendo es más paro y un recorte de derechos sociales. En Alemania tienen más empleo a cuenta de los llamados mini-jobs, es decir el trabajo basura, ya que se percibe trescientos o cuatrocientos euros al mes, y ya me gustaría a mi ver a la señora Merkel o a quienes defienden esos empleos basura viviendo con cuatrocientos euros. Me parece inaceptable que los políticos promuevan para los demás lo que no aceptarían para ellos.
El caso es que el domingo cuando los franceses acudan a las urnas y depositen su voto en alguna medida estarán decidiendo el destino de Europa y por tanto el nuestro.
Ya digo que el debate entre Sarkozy y Hollande resultó apasionante, y ojalá nuestros políticos fueran capaces de debatir así. Un debate abierto, en el que ambos candidatos se interrumpían y marcaban su propio ritmo más allá de las indicaciones de los presentadores que se comportaron con una neutralidad admirable.
El debate Sarkozy-Hollande es una lección de cómo deben de hacerse este tipo de debates y ojalá los equipos electorales de los partidos políticos españoles sean capaces de reproducirlo en el futuro.
Si gana Sarkozy será más de lo mismo y la señora Merkel nos seguiría marcando el paso, si gana Hollande aun puede haber esperanzas de que la Unión Europea no sea un grupo de países al dictado de Alemania. Así de claro, así de simple.
Me deben de estar fallando las neuronas porque no alcanzo a comprender la diferencia que media entre la expropiación de YPF EN Argentina y la de Red Eléctrica en Bolivia.
Nuestros gobernantes quitan hierro al asunto esgrimiendo que Evo Morales está dispuesto a pagar una indemnización y eso al parecer les deja tan tranquilos. Tanto, que así como con la expropiación de YPF se pusieron, y nos pusieron a los ciudadanos, en estado de alerta, con la expropiación de Red Eléctrica no se plantearon interrumpir el “puente”.
Que en América Latina invertir en algunos países es como jugar a la ruleta rusa en función de sus gobernantes es una realidad, pero también lo es que esos gobernantes populistas de corte autoritario saben muy bien con quién se juegan los cuartos. Vamos que no se les ocurre expropiar a los norteamericanos o a los británicos, o a los chinos ni a los franceses. Pero España es otra cosa, a España se la toman como al pito del sereno sabiendo que no vamos a decir nada, que somos políticamente correctos y que más allá de alguna protesta que otra
La expropiación o expropiaciones va a quedar en nada. Que España va perdiendo peso en el concierto internacional es cada día más obvio. Lo es por nuestros gobernantes pero también por nosotros como sociedad. Un país que se cuestiona día sí y día también si es o no es y su razón de ser, y que depende de los aplausos del exterior, es un país que difícilmente puede inspirar respeto.
Hace unos días hemos tenido de visita al ministro alemán de finanzas y nos hemos puesto, bueno los señores del Gobierno se han puesto muy contentos porque el alemán en cuestión ha dicho que estamos haciendo los deberes que nos ponen con mucha aplicación. O sea que la posición de nuestro Gobierno ha sido la de subordinación al amigo alemán.
Cualquier que se de una vuelta por Europa, y no digamos por el resto del mundo, comprobará de inmediato que el nuestro es un gran país. No se trata de ponerse patrioteros sino de reconocer la realidad, pero aquí siempre vamos encogidos como acomplejados respecto a los demás.
Sinceramente el querer quitar hierro a la expropiación de la Red Eléctrica en Bolivia me parece una dejación de responsabilidad y de dignidad. Y como somos tan mansos me temo que a estas dos expropiaciones les van a seguir unas cuatas más.
Cristóbal Montoro no pierde la sonrisa ni la calma, ni siquiera el tono monocorde de profesor. Lo cierto es que el ministro ha aguantado el tirón en el Parlamento defendiendo sus Presupuestos Generales del Estado rechazados por toda la oposición. Diez enmiendas a la totalidad, diez enmiendas rechazadas, y Montoro dispuesto a seguir adelante.
Desde la oposición se insiste que el Gobierno está solo, y lo está, pero es una soledad que contabilizan en más de ciento ochenta diputados, es decir la mayoría absoluta.
Lo cierto es que los Presupuestos Generales del Estado elaborados y defendidos por Montoro suponen dar un tajo importante al Estado del bienestar, y por tanto del cambio de modelo.
Nadie discute que hay que ahorrar, que las Administraciones no pueden despilfarrar, que deben de gastar cada euro con cuidado, pero gastar con sentido común no pasa por acabar con la universalidad de la sanidad, de la educación ni mucho menos por dejar desprotegidos a los más débiles.
Claro que hay que acabar con el “turismo sanitario”, faltaría más, pero junto a una medida lógica como lo es ésta nos cuelan otras que son pura ideología neoconservadora, por ejemplo que los pensionistas paguen más por los medicamentos.
En ocasiones me gustaría que nuestros políticos “vivieran” con las pensiones o con los sueldos de los españolitos de a pie. ¿Se imaginan? Y es que para un pensionista tener que pagar los medicamentos, supone un varapalo a sus ya de por sí frágiles economías.
Verán, yo creo que hay que gestionar mejor los recursos públicos, y gestionando mejor nos ahorraríamos muchos millones de euros. De la misma manera que me parece de sentido común que de una vez por todas el Gobierno se siente con las comunidades autónomas para racionalizar la Administración en todos sus niveles, desde el municipal, pasando por el autonómico y llegando al estatal. No podemos tener “tres de todo”, es decir multiplicar los cargos públicos, y ahí sí que se podría ahorrar. Pero los partidos miran para otro lado porque esos recortes no les interesa desde el punto de vista partidario.
También hay otras partidas donde se debería de recortar, por ejemplo Defensa. No digo que no debamos tener un Ejército bien preparado y con el material que sea preciso, digo que no sé qué demonios hacemos en Afganistán, y que lo que nos cuesta estar en Afganistán sería suficiente para mantener las maltrechas cuentas de la sanidad, o no digamos para no tener que recortar la inversión en investigación.
Pero el ministro Montoro, tijera en mano a la hora de elaborar los Presupuestos, ha optado por recortar por donde no debía, o sea la sanidad pública, la educación pública, la asistencia a los mayores, la investigación, etc.
Hay quienes durante los últimos años han repetido que cada vez había más diferencias entre la derecha y la izquierda y habría que pedirles que se leyeran los Presupuestos Generales del Estado del ministro Montoro y entonces comprenderán en qué consisten esas diferencias entre unos y otros, entre derecha e izquierda. Los Presupuestos Generales del Estado son la prueba del algodón, la evidencia del color del Gobierno de turno. Eso sí, seguro que los Presupuestos del ministro Montoro son del gusto de la señora Merkel.